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sábado, 2 de enero de 2010

El Libro de la Filiación espiritual





Cualificaciones requeridas para recibir la investidura

Ibn Arabí

Estos maestros poseen las condiciones para la transmisión de la investidura, conformes a las que Dios a puesto de manifiesto y que consisten en ocultar los vicios del ser.
Así:

- Debes velar el pecado de la mentira por la vestimenta de la lealtad, y el de la traición mediante el vestido de la fidelidad, la hipocresía por la sinceridad, los malos tratos del carácter por las virtudes nobles, los actos reprensibles por el manto de los actos loables y todo vil defecto por el manto de una cualidad elevada.

- Es preciso tapar la entrega a las “causas segundas” con una adhesión total del ser a la Unicidad divina; la confianza en las creaturas por la confianza en Dios, y la ingratitud con el reconocimiento del Benefactor.

Por otra parte, tú te engalanas del “ornamento de Dios” revistiéndote de los rasgos de caracteres o virtudes loables, tales como:

- Observar el silencio sobre lo que no te concierne.

- Desviar tus ojos hacia lo que es ilícito mirar.

- Examinar escrupulosamente los actos de tus miembros.

- Inspeccionar minuciosamente los actos que has cometido en el pasado y lo que han registrado los “nobles escribanos”.

Debes:

- Estar satisfecho aunque sea poco lo que te encuentras para tu subsistencia.

- Escrutar los hábitos de tu alma.

- Practicar asiduamente la demanda del perdón y la recitación del Corán.

- Respetar las reglas de conveniencia que nos vienen del Profeta.

Es preciso:

- Que te familiarices con las virtudes de los piadosos.

- Que concentres tus esfuerzos en lo que atañe a la religión y la piedad filial.

- Que seas bondadoso con tu vecino y sacrifiques tu honor; el Enviado de Dios, sobre él la Gracia y la Paz, ha alentado esto diciendo: ¿“ Alguno de vosotros puede ser como Abu Damdam que, cuando venía la aurora, declaraba: <>?”.

Tú debes dar prueba de abnegación, es decir:

- Sacrificarte para proveer las necesidades de las criaturas.
- Comportarte con bondad tanto con el amigo como con el enemigo.
- Mostrar modestia y ternura
- Soportar los agravios que recibas.

Abstente de:

- Prestar atención a los errores de los hermanos.

- Debatir las divergencias que te diferencien de los Compañeros y los que nos han precedido entre los grandes hombres.

- Frecuentar a los indolentes a menos que sea para llamarles a su deber o para invocar a Dios entre ellos.

- Escrutar los “eventos” (al-a´rad) y los “signos de Dios” (ayat Allah).

- Detractar a los pecadores apartados de la comunidad de Muhammad -sobre Él la Gracia y la Paz-.

- Tomar a la fuerza (ocupar a mano armada) salvo cuando son infringidos los interdictos divinos.

Es necesario que:

- Despojes tu corazón de la ira y el rencor.

- Perdones la injuria –o sea, no irritarte cuando tengas motivos.

- No te unas a los que dan importancia a los infundios sobre los hombres honorables.

Debes:

- Proteger a las mujeres (ahl al-sitr).

- Respetar a los doctos y a los hombres de religión.

- Honrar a los ancianos y a las personas de carácter noble, sean musulmanes o sean infieles, según el límite legal aplicable a los unos y a los otros

- Respetar las reglas de conveniencia en atención a Dios y de toda persona muerta o viva, presente o ausente.

- Rechazar o repeler la calumnia que alcance la reputación de un musulmán.

- Tener cuidado de no hablar demasiado -de ser pedante o locuaz-, pues quien mucho habla dice no importa el qué.

- Respetar a los mayores.

- Ser bondadoso con los apocados o débiles y compasivo con los humildes.

- Visitar a los desguarnecidos y consolarlos con bondad y generosidad, las buenas palabras y la buena dirección.

- Mostrarte hospitalario.

- Pronunciar la fórmula de salutación en voz alta.

- Ser caritativo con los hombres, según el límite legal.

- No vituperar, ni maldecir, ni difamar o injuriar.

- Recompensar lo que te hagan de mal con el bien

- “Ser un consejero sincero para con Dios, Su Enviado, los que guían la comunidad y los simples creyentes”.

Guárdate de:

- Desear el mal a nadie.

- Injuriar expresamente a un servidor de Dios que esté muerto o vivo, pues el que está vivo aunque sea un infiel resulta que tú ignoras como acabará y en cuanto al que ha fallecido tú no sabes como terminó.

- Reprochar de sus pasiones a los que las tienen.

- Pretender mandar sobre quien sea.

- Oprimir a tus niños para hacerles servir a tu interés personal.

Además:

- Procura evitar que la gente mancille tu oído con noticias que murmuren sobre ti o de otros, susceptibles de importunarte o perjudicarte.

- Ama a todos los creyentes, los que hacen el bien, en consideración de su amor por Dios y Su Enviado y no les detestes con el pretexto de que están enemistados contigo, o por cualquier otro motivo. Esta recomendación, el Enviado de Dios –sobre Él la Gracia y la Paz- me la ha dado en mi sueño al respecto de una persona que había denigrado a mi shaikh y que por esta razón yo detestaba. Yo vi entonces al Profeta cuando dormía, que me decía: “¿Por qué le detestas? Y yo respondí: “¡Porque desprecia y critica a mi shaykh¡ Él me respondió: “¿No sabes tú que él ama a dios y que me ama? “Sí”, le dije, y él me replicó: “Por qué entonces no has de amarle en consideración a su amor por mí, en vez de execrarle con el pretexto de que detesta a tu shaykh? Yo le respondí: “¡Oh, Enviado de Dios, que excelente maestro eres! Has llamado mi atención sobre algo en lo que yo era negligente!

Asimismo:

- No te regocijes de lo bien que hable de ti la gente, incluso aunque lo merezcas, pues ignoras si esto te restará o si te será desposeído.

- No te distingas de los creyentes dejando aparecer las virtudes excepcionales a menos que tú seas de los que, en razón de su función en la comunidad, deben servir de modelo a los demás.

- No manifiestes humildad en tu comportamiento exterior dejando caer tus espaldas y brazos a tierra, a menos que esto coincida con tu estado interior.

- No busques la riqueza en este bajo mundo.

- No te inquietes del que ignora tu rango espiritual, bien al contrario, conviene que a tus propios ojos tu no tengas ningún rango.

- No busques imponer el silencio a fin de que se te escuche y no te ofusque ninguna respuesta que vaya en tu contra.

- Muéstrate paciente por Dios y con Dios: “Sé indulgente con los que invocan a su Señor mañana y tarde por deseo de ver Su cara y no desvíes tu mirada de ellos por buscar lo brillante de este bajo mundo. No obedezcas a aquel cuyo corazón hemos hecho indiferente a nuestro recuerdo, que sigue sus pasiones y cuyo comportamiento es desarreglado. Dí: La Verdad viene del Señor, que el que quiera creer crea y quien no, no crea” (Corán, 27-28).

- Imponte ser justo, pero no exijas que lo sean contigo.

- Toma la iniciativa de saludar cuando te encuentres con musulmanes y devuelve siempre el saludo al que te salude, muy alto para que te entienda.

- Ponte en guardia de censurar a los ricos cuando son avaros o a los hijos de este bajo mundo cuando se disputan las riquezas, y de codiciar lo que poseen.

- Ruega a favor los que detentan el mando y no en contra, aunque sean culpables.

- Combate tu alma y las pasiones, pues son tus más grandes enemigos.

- Evita retrasarte en las marchas y pasea el primero.

- No causes perjuicio a los jefes religiosos y no aportes testimonio contra la gente de la qibla con murmuraciones que son susceptibles de alejar al que te escucha.

- Abstente de polemizar sobre las disputas que hayan estallado entre los Compañeros –Dios esté satisfecho de ellos- y más generalmente al respecto de los muertos que hayan recibido la sanción de los actos que hayan incumplido.

- Evita las controversias concernientes al Corán y la predestinación.

- Aleja de ti la compañía de la gente que sigue a sus pasiones y de los innovadores que atentan contra la religión y los soberanos.

- Debes extirpar de tu corazón la concupiscencia, la envidia, la vanidad, y velar en no manifestar estos atributos fuera de los casos previstos por la Ley.

- Únete a la comunidad pues “el lobo no come más que a las ovejas solitarias”.

- Desconfía del apresuramiento, salvo para cinco cosas: cumplir las oraciones al inicio del día, hacer el peregrinaje cuando las condiciones se cumplan, ofrecer alimento a tu huésped antes de entablar conversación, preparar los funerales del muerto y casar la hija virgen cuando es núbil.

- Despliega todos tus esfuerzos para aconsejar a los servidores de Dios, bien sean musulmanes, infieles o politeístas, con sabiduría y diplomacia.

- Suprime las causas de negligencia y vela en el cumplimiento de las oraciones de la manera más perfecta.

- Vela sobre tu alma en la demanda de las cuentas, rechaza la ignorancia en las investigaciones científicas y sé favorable a cualquier búsqueda científica.

- Sé esplendoroso en la utilización del bien (que Dios te ha concedido).

- Aleja de ti las pasiones y la “morada de las ilusiones”.

- Debes creer que precisas odiar tu “alma” (nafs) la cual, entre los hombres de Dios (ah Allah), designa todo pensamiento vituperable.

Es necesario:

- Que repares las iniquidades.

- Que corrijas la avidez.

- Que despliegues todos los esfuerzos para restablecer la paz entre los que disputan entre sí, pues Dios restablecerá la paz entre Sus servidores en el día de la Resurrección.

- Que hagas caer la duda.

- Que seas constante en tu vigilancia y el temor.

- Que no te inquiete nada sino Dios, amar y odiar en Dios, mostrar amor por la familia del Enviado de Dios, y la amistad por los que son piadosos.

- Que llores mucho, implores a Dios, reces día y noche, rehuyas el reposo y te muestres humilde en consideración de Dios en toda circunstancia.

Debes de:

- Reprimir la tristeza y la ansiedad de la existencia pensando en el reconocimiento que te incumbe hacia el Benefactor por los dones que te ha otorgado.

- Tender hacia Dios en toda circunstancia.

- Ayudar a los demás a practicar la piedad y la creencia en Dios.

- Responder al Enviado, asistir al oprimido, responder al que te pide auxilio, salvar al que está en grave apuro, calmar la pena del que está sumergido en la tristeza.

Además:

- Con el nuevo día practica la oración nocturna, o mejor aún, pasa toda la noche en oración.
- Piensa en la muerte, visita frecuentemente las tumbas y no profieras palabras inconvenientes cuando te las encuentres; ruega por los difuntos y acompaña a su cortejo fúnebre, delante si vas a pie, detrás si estás sobre una montura.

- Acaricia la cabeza de los huérfanos, visita a los enfermos, da limosna, ama a la que gente que hace el bien.

Respecto a Dios:

- Invoca el nombre de Dios permanentemente, vigila tu alma y pídele cuenta de tus actos exteriores e interiores.

- Familiarízate con la Palabra de Dios, sé prudente ante lo que escuches y lo que mires.

- Sobrelleva pacientemente las sentencias de Dios, pues estás bajo Su mirada, pues él ha dicho: “Sobrelleva el decreto de tu Señor pues tú estás bajo Nuestros ojos” (Cor 52:48)”, da la preferencia al orden divino y busca todo lo que es susceptible de acercarte a Él. Encamina toda tu energía en lo que place a Dios y Le satisface. Debes aceptar el decreto (qada) pero no necesariamente lo que está decretado.

- Es necesario recibir lo que viene de Dios con alegría, estar satisfecho de tu relación de vasallaje hacia Él, estando con Él, pues Dios esta con Sus servidores donde quiera que estén.

- Es necesario liberarse de las cosas vanas, mostrarse paciente en las pruebas, renunciar a lo que te es lícito, ocuparte de lo que es más importante en el momento presente, buscar el paraíso con deseo y fuerza en tanto que él es el lugar donde contemplarás a Dios -¡que él sea Exaltado!

También:

- Acompaña con benevolencia a los que son probados.

- Conversa con los indigentes y estáte a su lado en el lugar de su pobreza. Ayuda al que se encuentre en estado de necesidad.

- Ten el corazón íntegro.

- Ruega por los musulmanes en secreto.

- Sirve a los pobres.

- Sacrifícate por los demás –pues es entonces cuando contrarías a tu alma cuanto tú la sirves realmente.

- Regocíjate del bienestar de la comunidad y aflígete de su corrupción. Da prioridad a lo que Dios y su Enviado dan prioridad y pon en último lugar lo que Dios y Su Enviado sitúan lo último.

viernes, 20 de noviembre de 2009

SUFISMO: El recuerdo


El recuerdo
Jalalud-Din Rumi
Fragmento de Textos y glosas sobre el arte sagrado" de Raimon Arola

a) Texto de Jalalud-Din Rumi

Fragmento poético completo procedente del libro cuarto, historia segunda, del Masnavi de Rumi (1), se titula: Ibrahim bin Adham y su afición por la música. El capítulo está compuesto por diversos poemas y reflexiones sobre la sabiduría de Salomón y la construcción de su Templo.

Apresúrate a renunciar a tu reino, como Ibrahim bin Adham, / Para obtener, como él, el reino de / la eternidad. En la noche ese rey dormía en su trono, / Con sus guardias de estado rodeando su palacio, / Aunque no necesitaba guardias / Que le protegieran de ladrones y vagabundos; / Pues quien es un rey justo lo sabe todo, / Y está a salvo del daño y su mente está en paz. / La justicia es el guardián de sus pasos, / No los guardias con tambores alrededor de su palacio. /

Su intención al tener esta banda de música era ésta: / Recordar a su corazón anhelante la llamada de Dios. / El sollozo de la trompeta y el trueno del tambor / Se asemejan a aquel terrible “trompetazo”. / Por eso dicen los filósofos que hemos aprendido / Nuestras melodías de aquellas de las esferas giratorias. / El canto de las esferas en sus revoluciones / Es lo que los hombres cantan con el laúd y la voz. / El fiel sostiene que las dulces influencias del cielo /

Pueden hacer que las voces más ásperas se vuelvan melodiosas. / Como todos somos miembros de Adán, / Hemos oído estas melodías en el Paraíso; / Aunque la tierra y el agua hayan echado su velo sobre nosotros, / Guardamos vagas reminiscencias de aquellos cantos celestiales. / Pero mientras estamos así envueltos por velos terrenales, / ¿Cómo pueden llegar hasta nosotros esos tonos de las esferas bailando? / Por eso escuchar música es el alimento de los amantes, / Porque les recuerda su primera unión con Dios. / Los sentimientos internos de la mente adquieren fuerza, / Surgen al exterior, bajo la influencia de la música. / El fuego del amor quema con más ardor bajo el estímulo de la música.

(1) El Masnavi. Las enseñanzas de Rumi. Visión Libros, Barcelona, 1984; pp. 212-213. Yalal ad-Din Muhammad Rumi en árabe, también conocido como “Mawlana” o “Nuestro Señor”, fue un célebre poeta místico musulmán y erudito religioso que nació el 30 de septiembre de 1207 (d. C.) en la antigua provincia del Jorasán, en Persia y murió en Konya, Tuquía, un 17 de diciembre de 1273 (d. C.).

Después de su muerte, sus seguidores fundaron la orden sufí Mevlevi, también conocidos como los “Derviches Giróvagos”, pues practican una meditación en movimiento llamada “sema” donde los hombres giran sobre si mismos acompañados por flautas y tambores.

El recuerdo

b) Glosa de Raimon Arola del texto de Jalalud-Din-Rumi

En este poema de Rumi se descubre el motivo que le llevó a instaurar las célebres danzas y músicas de los derviches giróvagos, dando a entender también la razón por la que los profetas utilizan las formas artísticas. Se dice en el poema: Por ello dicen los filósofos que hemos aprendido nuestras melodías de aquellas de las esferas giratorias.. Estas esferas constituyen el cosmos (cosmos en griego significa orden), el movimiento del universo (lo que se mueve en un senti­do), unas esferas puras que siguen la dirección marcada por el Único, y este movimiento es lo que se reproduce en la música y la danza de los derviches. Lo que es abajo es un reflejo de lo de arriba. El macrocosmos y el microcosmos se encuentran en el Arte. Dice el poema: Todos hemos oído estas melodías en el Paraíso, antes de la caída de nuestros primeros padres. Cada hombre guarda en el fondo de su ser el recuerdo de la suculenta belleza del Paraíso; los artistas, quizá por gozar de una sensibilidad más desarrollada que el común de los mortales, pueden oír con más intensidad la música de los ánge­les. Y, por eso, sus obras cantan, muchas veces sin saberlo, el esplendor perdido.

Hemos seleccionado el texto de Rumi porque además alude a otra dimensión del misterio de la obra de Arte sagrada que se manifiesta las siguientes estrofas del poema: El sollozo de la trompeta y el trueno del tambor se asemejan de algún modo a aquel terrible “trompetazo”. Con estas palabras Rumi nos describe el sonido secreto del Arte, la voz que surge del corazón del artista. El “tompetazo” es el sonido de la trompeta que suena en el día del Juicio final. Está escrito en el Corán (6-73): Es Alá quien ha creado con un fin los cielos y la tierra. El día que dice: ¡Sé!, es. Su palabra es la Verdad. Suyo será el dominio del día en el que se toque la trompeta. El dominio de Dios sobreviene cuando la muerte es vencida y se produce la resurrección de los muertos. La resurrección, es decir, el despertar completo y total de aquello que estaba dormido que se pro­duce por el toque de la trompeta, por el sonido del Arte perfecto y verdadero. En el antiguo ritual católico de la Misa de los Difuntos se decía: ¡Día de ira, aquél día!, reducirá el mundo a cenizas: testigo David con la Sibila. ¡Cuánto temblor ha de haber, cuando el juez venga a examinarlo todo estrechamente! Una trompeta esparciendo un son maravilloso por los sepul­cros de las regiones, los reunirá a todos delante del tro­no. La muerte y la naturaleza quedarán estupefactas cuando resuciten las criaturas para responder al juez. Y también en esta Misa se leía un episodio recogido en la primera Epístola de San Pablo a los Tesalonicenses que dice: Porque el mismo Señor, a una orden, a la voz del arcángel, al sonido de la trompeta de Dios, descen­derá del cielo y los muertos en Cristo resucitarán pri­mero. (4-16)

En la carta del Tarot, llamada del Juicio, está representado este misterio, un ángel, tocando una trompeta dorada, re­sucita a los muertos. Sobre el simbolismo de dicha lámina escribió Emmanuel d’Hooghvorst: Esta llamada da curación. He aquí el día de fiesta en el que se renace: un rey que llama a sus amigos y los encanta con su gloria, aquél cuyo reino no era de este mundo. ¡Uno se despierta de un sueño necio mediante este sonido vivo tan esperado, un soplo de dulzura, una buena palabra oída por los muertos! (El Hilo de Penélope I, Tarragona 2000, p. 243.)

Sin duda el “trompetazo” del poema de Rumi alude al misterio central de todas las religiones, al Arte en su más alta perfección y verdad. Aun­que no pueda concebirse, no debe re­nunciarse a esta promesa hecha por los artistas y los pro­fetas. El fruto del árbol de vida que nace de la semilla del corazón, es la voz que despierta a los muertos, que hace reverdecer el tronco seco; es la voz del héroe, la voz del artista, acerca de la cual el sabio Hornero escribió: Cuando se dejó oír la voz de bronce del héroe a todos se les conturbó el corazón. (Ilíada, 18-219)

La música de la banda de músicos de Ibrahim bin Adham se ase­meja a esta “voz de bronce”, producto del Arte, que despierta el fundamento del hombre y lo lleva hasta la coronación. Así se comprende de qué manera el Arte sagrado da vida a su creación y cómo, lo que se describe en el poema de Rumi, no es una metáfora. Cualquier arte que se le asemeje significa el recuerdo de una realidad que debemos esperar conocer.